Jaume Giró

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En octubre de 2016, Kentaro, conocido como el lince viajero, murió tras ser golpeado por un turismo en una autovía de Oporto (Portugal). Gracias a los datos obtenidos de su collar GPS, los investigadores conocieron sus desplazamientos, en los dos últimos años había recorrido más de 3.000 kilómetros y acabó, fatalmente, como muchos de sus congéneres, en el asfalto. La primera víctima de lince de 2018 ha tenido lugar en la autovía A-316 (Jaén) y el tráfico -responsable de más de la mitad de las muertes de esta especie-, fue de nuevo la causa.

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En el caso del lince, el felino más amenazado del mundo, hay datos, y los expertos señalan los lugares más problemáticos donde se concentran accidentes, pero las estadísticas con respecto a otras especies son precarias. Se calcula que más de 10 millones de animales vertebrados pierden la vida en las carreteras españolas, una sangría escasamente documentada, que puede ayudar a los investigadores a conocer diferentes aspectos, como la distribución de especies que se mueven en un determinado territorio.

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El aumento de kilómetros de redes viarias disminuye la biodiversidad; las carreteras merman el tamaño de los hábitats, ejercen un efecto barrera al dificultar la conexión de poblaciones y, finalmente, como consecuencia directa, siegan la vida de numerosos individuos que terminan atropellados en la calzada. Obligada a moverse para buscar alimento, reproducirse o huir, la fauna salvaje halla la muerte en la carretera, es un goteo incesante de victimas difícil de cuantificar, que afecta a numerosas especies pero a cuáles, en qué época del año y en qué lugares.

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En el caso de animales grandes, como corzos o jabalís, los accidentes se convierten en un problema de seguridad vial que merece la atención de las administraciones por el peligro que entraña. En el caso de pequeños vertebrados, la información escasea, los atropellos pasan desapercibidos o no se les da importancia y, con frecuencia, los ejemplares quedan tendidos en la vía acabando en estado irreconocible.

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Carnívoros de Baleares, un proyecto de ciencia ciudadana, que ha echado a andar hace unos meses, busca documentar los atropellos que se producen en las carreteras de las Islas para, a partir de la información recopilada, ver los posibles factores de amenaza y plantear acciones, proponiéndolas a la administración competente.

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La iniciativa partió de un grupo de biología de la UIB, integrado por licenciados y estudiantes del último curso, que acudieron a un curso de carnívoros en Galicia y se empezaron a interesar por el tema de los atropellos en Baleares, lo propusieron en la Universidad, pidieron asesoramiento y el grupo de investigación de Ecología Interdisciplinaria de la UIB les ofreció cobertura para este estudio.

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«Sobre abril de 2017, comenzamos a explicar el proyecto a amigos y allegados, pidiéndoles que, cuando encontraran algún animal atropellado, nos enviaran la ubicación y la fotografía», comenta Elisa Ribas, miembro del equipo.

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«El siguiente paso para llegar a más gente fue crear una cuenta en las redes sociales; en septiembre, nos dimos de alta en twitter y facebook y, desde entonces, se ha incrementado la información que hemos recogido. Nos mandan fotografías de animales atropellados y su localización, lo que nos permite recopilar datos de muchas carreteras y vías. De momento, Mallorca es la isla de la que disponemos más información».

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Aunque se trata de datos muy preliminares, la mayoría de muertes por atropello son de marta y comienzan a perfilarse algunos lugares conflictivos, como la carretera de Sa Pobla a Pollença, Ma-2220. «La información que estamos recibiendo coincide con un estudio previo realizado sobre este tema, en 2008, donde esta vía ya aparecía como punto negro», explica Samuel Pinya, asesor en este estudio e investigador del grupo de Ecología Interdisciplinaria de la UIB.

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El resto de lugares desde los que les están llegando datos están más dispersos, pero la carretera de Valldemossa y el tramo entre Consell y Alaró concentran bastantes casos de atropellos.

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El problema con la comadreja

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Tras la marta, el carnívoro más afectado es la gineta, la comadreja plantea un problema y es que al ser muy pequeña, puede pasar desapercibida o ser confundida con una rata.

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Respecto a especies introducidas, les han avisado del atropello de un mapache, que no han contabilizado porque cuando llegaron al lugar no lo pudieron encontrar, y han tenido un par de avisos de avistamientos de zorros, se trata de un animal que no es propio de las islas y la primera cita es de 2010, por eso el hecho de que se sigan observando es preocupante.

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Las tareas del equipo

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Pero el proyecto va más allá de conocer cuáles son los animales encontrados muertos en las carreteras, y los miembros de este equipo se han repartido las tareas, Aina Aguiló trabaja con modelos de distribución potencial y está recogiendo toda la bibliografía histórica de las especies para ver qué es lo que explica actualmente la localización de los carnívoros, qué parámetros ambientales son los que la condicionan, y tras analizarla, espera tener la distribución conocida y la potencial.

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Sebastià Jaume y Joan Diaz estudian los parásitos de los animales atropellados; hasta el momento han encontrado pulgas, garrapatas, tenias. Josep Miquel Tornero se ocupa de la biometría y la condición corporal e Ilias Amtil del análisis de excrementos para conocer su dieta. Cada uno trabaja en diferentes temas, pero se integran y correlacionan las diferentes disciplinas y al cotejar la información en conjunto se avanza mucho más en el conocimiento de la ecología de estas especies, que es el objetivo inicial del proyecto.

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Posteriormente, a partir de los resultados obtenidos, la administración competente podrá implantar medidas correctoras. «En los atropellos, por ejemplo, a partir de los puntos negros que se localicen, se realizará una modelización y veremos los observados y los esperados», apunta Pinya. «Habría que reunirse con el Consell y valorar qué medidas serían las más adecuadas, una podría ser reducir la velocidad en determinados tramos o modificar los laterales de las carreteras, de manera que se pueda cortar la vegetación en dos o tres metros desde la vía; en el caso de Ma-2220 se trata de una zona en la que los arbustos casi llegan al asfalto, y cuando el animal sale ya está en la carretera, sin la posibilidad de detectar al vehículo, por lo que la probabilidad de que acabe atropellado es alta».

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Este equipo de investigación solicita la colaboración ciudadana para que cualquier persona que vea fauna atropellada le envíe la foto del animal y la ubicación, si no puede ser exacta, es suficiente con el punto kilométrico y el nombre de la carretera. Los avistamientos también son de interés. Además de twitter, @CarnivorsIB y la página de facebook , disponen de un correo electrónico al que se puede remitir la información carnivorsib@gmail.com

Para saber más de Jaume Giró leer elmundo.es