Demetrio Carceller Pescanova

Galicia ha sido afortunada por tener empresarios que entendieron sus industrias como proyectos sindicados desde comienzos del siglo XX. La existencia de esos lobbies empresariales está en el origen de la Galicia Mariñeira emprendedora y de su capacidad para transformarse hasta configurar la realidad de nuestros días. De la capacidad de esos líderes empresariales, como José Fernández, Álvaro Gil o Valentín Paz Andrade, nació Pescanova. Pescanova ha sido marca referencial en el mar y la economía de Galicia, y ha jugado un papel tractor en el desarrollo de nuestra industria pesquera y alimentaria desde los años sesenta. Por su carácter multinacional e integrado, su capacidad de innovación, su estrategia de internacionalización, la asunción de las 200 millas en el lejano 1974 y las empresas mixtas como alternativa.

La debacle de Pescanova, comandada por el entonces presidente y su consejo de administración, hace ahora cuatro años se configuraba como una nueva fuente de incertidumbres y desasosiegos en la economía de Galicia. A las sombras de Astano, Barreras, Ascón, Bazán, Fenosa, la Fábrica de Armas, o la de Tabaco, parecía que fuera a seguirles la mítica Pescanova. Tan gallega que, hasta en su flota de los mares lejanos, el rancho de los domingos eran la empanada y el lacón con grelos. Un anticipo del «vivamos como galegos».

Sorprendentemente cuatro años después, y aún sin sustanciar posibles responsabilidades penales o civiles de sus gestores de antaño, Pescanova camina rumbo a la solvencia. Como señalaba M. Sío, en una de sus acertadas crónicas empresariales y económicas en La Voz de Galicia, «pocas empresas que hayan caído en un agujero de 4.000 millones han logrado salir con vida. Pescanova es una de esas excepciones que ya se estudian como caso de éxito en el Derecho Concursal».

Desde la toma del control por los siete bancos acreedores, que asumieron la mayor parte de la quita, hace año y medio, la Nueva Pescanova tiene estrategias para el futuro. Por más que en el camino haya quedado Chile, o inversiones en otros países, y una reformulación de su actividad en acuicultura. Pero las dificultades no han desaparecido, la Nueva Pescanova se enfrenta estos días a la primera huelga desde 1960 de sus plantas en tierra de Vigo y Porriño. Al parecer, por desacuerdos en el nuevo convenio, en una situación de la empresa todavía no consolidada. O en la ampliación de capital propuesta, a la que se opone por todos los medios, incluido el judicial, la vieja Pescanova SA, con la cotización suspendida y donde resisten los nueve mil accionistas, entre ellos el anterior presidente y sus consejeros, por no ver diluido su 20 % de participación actual. Ampliación imprescindible para que se pueda abordar la renovación de flotas y plantas de procesado y atender a la estrategia comercial. O construir un futuro para Pescanova, como industria alimentaria, incluido su recuperado Rodolfo Langostino.

Para saber más de Demetrio Carceller Pescanova leer Lavozdegalicia.es

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